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Leí el diario de un extraño (2003) |
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Mi orilla anal |
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Rosa Aliaga |
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Quiero un orinal, el orinal es mi solución, un orinal de los antiguos, de esos de porcelana, de los que presumía el Cela cuando iba al programa de la Milá. A lo mejor lo puedo encontrar con un dibujo agradable, o de diseño, con un asa consistente, con algún toque moderno, y un color que dé cierta calidez. Si puedo elegir lo prefiero de loza; de plástico no, que quita el eco y la gracia al asunto. Quiero un orinal, que no es lo mismo que una cuña, que a estas últimas las bañan en plástico de hospital y de enfermedad grave. Tampoco una lavativa que es para funciones escatológicas mayores y producen dolor nada más verlas. Yo quiero un orinal señorial pero sin pretensiones, que pueda poner en mi habitación y enseñe a mis visitas, algo así como: aquí mi cama, mis libros y... mi orinal. Tampoco es algo tan raro, todos mis abuelos tenían uno. Todavía recuerdo en algún rincón de mi niñez haberme despertado y volverme a dormir acurrucado en el arrullo del líquido contra el recipiente. Simplemente un orinal, si la misma palabra lo dice: ori de orilla y nal de anal, orilla anal. Pues lo dicho: el reposo del culo, digo yo. Señor, la hora la cobro a diez euros y me está entreteniendo... Escúchame, Carmela. Si es que estoy convencido. Sé que si tuviera un orinal mi vida cambiaría. Sería como la tregua añorada, el ejército de los sueños rindiéndose ante el de los orines y firmando la paz ante mi orinal y por fin descansar.., descansar de este continuo ir y venir de mis ríos corporales. Hasta incluso podrían pasar estas angustiosas ganas que me persiguen a todas horas de la manera más vulgar. Sería como castigar a todos mis líquidos en una cárcel preventiva. Un seguro cercano que regularía todas mis incontinencias. Pues cómpreselo, qué quiere que le diga... Las noches son tan largas repartidas entre estos continuos paseos, no es fácil de explicar, porque tampoco es un problema, al menos eso me ha dicho el médico, estoy completamente sano y no retener líquidos es bueno pero para mí se ha convertido en un auténtico martirio. Es como si mi organismo notara la lenta caída del sueño y cuando me llega a traición, entonces siento esa sensación en el estómago, pero pienso: Todavía aguanto, me duermo y no lo notaré. ¡Ya está! Lo controlo, lo estoy controlando, me duermo, ya noto el sueño, pero entonces no puedo más, me levanto mientras rumio que es ya la octava vez que voy a orinar, sabiendo que dentro de diez minutos volveré a tener la misma sensación en la tripa, las mismas ganas de mear, la misma agonía de saber que nunca acabará esta absurda guerra entre mis pises y mis sueños. Me parece que está exagerando demasiado las cosas. Ustedes los señoritos, como no tienen problemas se dedican a pensar unas tonterías... Una buena hipoteca le ponía yo a pagar todos los meses para que se le quitaran los pises de la cabeza. Cómo eres, Carmela, ¿sabes lo que pasa...?, la verdad es que no me atrevo a comprarlo, este simple objeto me ha traído más de un problema. En realidad he roto con mi novia por culpa del orinal; dice que soy un desequilibrado y un cerdo. No entiendo. Pues resulta que yo ya le había comentado la idea. En realidad asumo que tengo cierta fijación por el objeto en sí. Estos carnavales pasados mi novia y yo tuvimos una crisis que no pudimos superar. ¿Por qué? Verá, suelo tener imaginación para esto de los disfraces. Este año a mi amigo Juancho y a Laurita, mi novia, les dije que no tendríamos ningún problema en ganar el concurso del Círculo de Bellas Artes. Les expliqué que hasta el último momento no sabrían el tema, sólo tendrían que ir por la tarde a recoger el disfraz a mi casa. Mi novia es muy presumida, ¿sabe?, un poco niña moña para mi gusto. Es coqueta hasta límites insospechados, y por ello estuvo preparándose una semana entera para el día en cuestión. El caso es que no pude verla en todos esos días porque estuvo toda la semana arreglándose para la fiesta. Que si manicura y pedicura, que si depilación, que si rayos UVA, ya sabe cómo son las mujeres... Aquella tarde pensaba que me arrancaba los ojos cuando le dije cuál era su disfraz. Juancho iría de pene-culo, yo de orinal y ella... ella iba de mierda. Es que materializar el pis en disfraz me parecía problemático. No les engañé, ganamos en la fiesta, aunque ella se preocupó de dejarme bien claro que nunca en su vida se había sentido tan humillada. Yo no lo entiendo, su tez bronceada hacía juego con el color que le puse a la caca. Hasta le dijeron algún que otro piropo tipo: Quién fuera culo para llevarte dentro. No he vuelto a saber nada más de ella. Si me permite un comentario, entiendo a su novia. Permítame decirle que es un poco extravagante. Menudo rollo que me está metiendo. Ni las asistentas podemos trabajar ya en paz. Otra cosa, si se compra el orinal, ya lo puede vaciar antes de que yo venga. Yo no doy tanta importancia como usted a los orines, pero desde luego no voy a ser yo la que retire sus meados. Y a ver si apunta mejor, que en el retrete me gasto todos los días una botella de lejía. Cómprese lo que le dé la gana y déjeme seguir con lo mío. Entonces, Carmela, aprueba mi decisión. ¡No sabe la alegría que me da! El futuro de mi felicidad está entre las letras de un simple objeto, mi próximo y primer orinal. ¿Me puedo comprar dos?
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