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LEÍ EL DIARIO DE UN EXTRAÑO
Aquí tienes algunos cuentos de Leí el diario de un extraño, la antología de relatos de los alumnos publicada en mayo de 2003 por el Taller de Escritura de Madrid.

PRÓLOGO
ÍNDICE DE AUTORES Y ENLACES A LOS RELATOS
 
PRÓLOGO (Carlos Molinero)
 

Prólogo de Carlos Molinero

No, no pienso escribir el prólogo. Que no, Enrique, que no. Que yo no sé hacer eso, que ni siquiera sé la diferencia entre preludio y prefacio como para meterme con un prólogo. Ni que estuviera loco. Y no me digas eso de que como los otros profesores han escrito ya uno, ahora me toca a mí, porque no cuela. Ellos son profesores de Escritura yo soy de Guión, así que... Sí, sí, no lo digas, que todo tiene que ver. O nada tiene que ver. Pero vamos, que no escribo el prólogo y punto.

Además, si es que la gente no se lo lee. Yo no conozco a nadie que se lea los prólogos. Son como los malos trailers: no aportan nada y te machacan la película. Y ahora me vas a decir que tú te lees los prólogos. Serán los que has escrito tú, porque nadie que no necesite medicación se sienta con un libro delante y dice: “Qué ganas tengo de leer el prólogo” o “Está tarde que no tengo nada que hacer me voy a leer unos cuantos prólogos.”

Y más para este libro, que todo el mundo sabe de qué va, que los que los compran, o han escrito en él o son amigos y parientes de los que escriben. Y aunque sea uno que lo coge en la Casa del Libro, se lee la contraportada y ya está todo contado. El prólogo es una redundancia, un tostón. No quiero parecer malvado, pero tengo que decírtelo: Los tuyos tampoco se los leían. Ya está. Ya lo he soltado. No se los leían. Todos esos que hablaban con sonrisa de ultracuerpos y comentaban cosas como: “El de este año sí que ha quedado bien”, “Tiene mucha gracia”, “Lo mejor es el final”. Vaguedades, circunloquios; vamos, trolas cochinas porque no se lo habían leído y no tenían ni idea de qué iba el asunto.

Que la gente sabe que va morirse y no puede perder el tiempo con un prólogo. Está el relato del colega que se ha metido en un taller literario y que te ha regalado el libro lleno de emoción. Pues a saco a por su escrito. A ver si con un poco de suerte es malo y me quedo tranquilo, no sea que tenga de amigo a un escritor “de verdad”, porque si él puede hacerlo, yo, que sacaba mejores notas en los dictados, Vargas Llosa como poco. Que porque no quiero, ni tengo tiempo, que si no...

Por no hablar de los compañeros de clase del Taller. Lo primero que necesitamos es saber qué ha escrito la chica guapa que curra de diseñadora y que apenas dice nada en clase. Vas a su cuento y rezas para que no sea mejor que el tuyo. Porque si no, es la leche y la injusticia cósmica. Guapa, rica y encima escribiendo mejor. O te vas a por el del tío que parece esquizofrénico, pero que sabes que es muy cachondo y que te vas a reír leyendo lo que ha escrito, sea lo que sea.

En resumidas cuentas, que nadie lee el prólogo. Que la gente sabe de qué va este libro, que ya son diez y que hay que ser muy corto para no pisparse; y que el que lo vea por primera vez se lee las pastas y fin. Sí, que este año es eso de todos los relatos en primera persona. Vamos, no creo que haya que ser el de CSI para después de ver en la portada “Leí el diario de un extraño” y leer cinco relatos discernir que todos tienen algo en común. “Va a ser eso de la primera persona”.

Además es que el título está muy bien y cuenta muchas cosas. Así que lo que yo escriba es innecesario, y como se sabe en esto de juntar letras, especialmente guiones, todo lo que no suma, resta. Y me temo que más que restar voy a dividir por veinte si me pongo a hacer comentarios sobre los diarios, la intimidad, la extrañeza, la curiosidad por lo ajeno y la desnudez del escritor. Al final lo mismo acabo pensando demasiado sobre estos temas y después de escribir el prólogo me da un ataque de pánico, me hago del Hare Krisna y te quedas sin un profesor de Guión.

Y no me digas lo de que es una tradición, que me da un ataque de ansiedad y acabo en el Doce de Octubre. Bastante sé yo que el Taller tiene diez años. Si estaba allí cuando empezó, en los tiempos primigenios en los que ni siquiera había Sugus. Y nada de chantaje emocional con eso, porque lo que pasa es que me acuerdo de lo viejo que soy, de que ya no puedo acostarme a las ocho de la mañana sin estar catatónico al día siguiente, que el peine empieza a parecerse más a una segadora capilar, y que ya no me hacen gracia Martes y 13. ¿Ves?, ya me ha dado el bajón. Diez años de Taller. Si no hace una semana que repartiste los papeles del "binomio fantástico" en el Pepe Botella. Que sí, que podría escribirlo en plan nostalgia. Hablar de Patricia, José María, Manolo y todos los compañeros del primer año. De los amigos tan cojonudos que te he vampirizado y de cómo, debido al caos del mundo, más de un colega acabo ennoviado, enrollado y hasta casado gracias al Taller (no pienso decir nombres). Del sudor frío que cae por la columna vertebral la primera vez que se da clase. De que mientras más tiempo llevas escribiendo más complicado parece todo; y bueno, podría acabar con violines melifluos haciendo una oda a la creatividad, la literatura y el devenir perpetuo del arte. Pero vamos, que yo paso de nostalgia, me cago en lo de envejecer y mucho menos escribo el prólogo. No es por vagancia, es por convicción.

El que quiera leer el libro que se vaya a la chicha, a despellejar al compañero, a gozar con el colega, a descubrir que ese primo que no habla en las bodas resulta que escribe como dios, a blasfemar porque su nieto ha contado esa historia familiar intocable y encima se ríe de ella, a descubrir cómo ese que te cae tan mal adjetiva tan bien y el que se ríe siempre de tus gracias no lo ha pillado todavía, pero al final todos han tenido redaños y han escrito. Porque de eso se trata. De permitir que toda la humanidad lea la página más escondida de tu diario de adolescente. Dejar que el mundo vea esa foto de cuando eras pequeño y estabas vestido de marinerito con la cara pringada de donuts de chocolate. De que la gente escuche esa grabación de los diecisiete ensayando una declaración de amor que nunca tuviste el valor de hacer. En fin, de mojarse, dejar un trozo de las tripas en el papel. Algunos podrían hacerlo, si tuvieran tiempo, si tuvieran ganas, si quisieran. El hecho es que en el libro están los que han escrito, los que han gastado tiempo, ganas y cerebro. Y sobre todo vísceras. Los médicos lo hacen con bisturí y lo llaman estirpar. Con boli suena menos desagradable: escribir. Una actividad que duele y divierte y pone cachondo. Si se tiene tiempo y ganas, y sobre todo si se quiere.

Hay que ir a los relatos, ver cómo los médicos han hecho sus intervenciones quirúrgicas, descubrir sus neuronas en funcionamiento. Poner algo delante es igual que comentar una operación de páncreas: Inútil, grimoso y hasta ridículo. No digas nada, que no voy hacer caso. Así que lo siento Enrique, pero no pienso estirpar, digo, escribir el prólogo. Ni de coña.

Carlos Molinero,
Madrid, abril de 2003

 

ÍNDICE DE AUTORES de LEÍ EL DIARIO DE UN EXTRAÑO

Prólogo de Carlos Molinero

Patricia Acero: Sultán
Álvaro Acevedo Tarazona: Microrrelatos
Zurc airaM: Poemenos, Otrorretratos en grises
Sonia Aldama Muñoz: Hoy no tengo escaleras, Vuelve a ser primavera
Andrea Alenda: Tomate frito
Rosa Aliaga: Mi orilla anal
Luis Amor: Te echo tanto de menos...
Cristina Baíllo: A los pies de mi padre
Ana Aneiros Vivas: Surfin' doniños
Myriam Anguiano García: La lista
Marta Aranzadi: Mi amigo Eduardo
Zita Arenillas Cabrera: No son sólo botones
Cesc Arnau: La cara de la muerte
Beatriz Arnau Moliner: Amor propio
Sonia Arranz Moreno: La madurez
Emilio Ayanz: Me muero sin ti, No cabe duda
Natalia Azcue: Un pésimo relato
Sonia Barahona Fernández: Un deseo
Raquel Barrantes: Encendí un cigarro
José Luis Barroso Sánchez: Las letras
Rosario Barros Peña: Daniela quiso volar
Eduardo Basterrechea: Contraventanas
Gustavo Basz: Milagro en Buenos Aires
Elena Batanero: Reyes
Joaquín Bernal: La última vez
Patricia Bustelo: El robo
Pilar Cabezón: Miravalles
Ramón Cabrera Naveiras: La carta que no fue escrita
Silvia Callejón: La espuma de mar
Isabel Calvo: Insomnio
Alicia Camacho: Soñarte
Aurora Canal: La piedra y el llavero, Las greguerías de la Aurora
Cecilia Canal: Gestos de amor
Teresa Cano Revillas: Carta a Luis
José Antonio Cantúa: Un mal día
Lucía Carballal Luengo: La mujer del artista
Isabel Carballo: Ático
Begoña Carrera: Me gustas..., Día del Carmen, El gran besador
Jose Carlos Castellanos Rabadán: Carta de amor
Denise Comaposada Solé: Esperando un cambio
Rocío de Cominges: La sonrisa de Mario
Gina Correia Ferreira: Soñando otras vidas
Victoria Cuenca Guevara: Yo, Dios y yo
Nieves Díaz: Las formas de las nubes
Carmen Dolz: La inmobiliaria feliz
Antonio Dorado Vedia: Sólo un sueño
Eliana Dukelsky: Iván
Belén Echeandía: Berlín-3
Carmen Escohotado Ibor: En una peluquería... y otros relatos
Guido Eytel: Tomados de los ojos
Ana Fabregat: Como cada tarde
Esperanza Fabregat: Sei, un hada
Luisa Fernández-Marcote: El cuarto oscuro, Me acuerdo, El viento
Matías Hyde Fernández Pratt: ¿Qué escribo? y otros relatos
Noelia Ferreiro: En un segundo
Miguel de Francisco: Miradas
David Gallego: El ladrón de motos
Ascensión García Nuño: La mirada inocente
Mª Sol Gómez Arteaga: Aniversario
Chema Gómez de Lora: Romea y Julieto
Miriam Gómez Martínez: Cómo hacer tarta de manzana
Pablo González Baena: Porgüerías
Mercedes de la Guardia: No voy a ser madre
La O Guillén: El punto de vuelta
Javier Herbosa: La salita de las pastas
Belén Herranz: Maletas
Manuel Herranz Pariente: Renacentista y otros sonetos
Elena del Hoyo: Un alfiler..., El mundo era...,
Manuel Iglesias Suárez: Prestige
Mariola Illán: El cristal de la cafetería, El error, El maldito olor
Pablo Insua: Cortes
Aránzazu de Isusi: Como la isla
Mª Encarnación Jaca Uriarte: Félix
Álvaro Jarillo: Papel mojado
Rafael Laca Arrillaga: La corbata
Soraya Lacaba Castro: El ser múltiple, El enigma
Emilia Lanzas Cobacho: De la imposibilidad…, Hogar, Expiación
Javier Lara: Mujer y Hombre
Carmen Larrumbide: Jugando contigo a escribir un cuento
Gabriela Llanos: Los modernos
Narda López Arana: ¿Y si fuera él?, Mi tarjeta de crédito
Inés Madrigal: Max, La bola del mundo
Ángel Martín: Epanáfora, Carta de amor
Pilar Martín de Castro: A título póstumo
Silvia Martínez Marcos: Jurek
Carolina Martínez Rodríguez: Con la soga al cuello, Mi amigo el viajero
Ruth Mateo: Decisiones importantes
Concha Mayoral Palau: No tendré mañana
Macarena Mena: Tiempo coloreado
Inés Mendoza: Una cuestión de orgullo
Antonio Mesa: Le tenía escondido, No, no puedo más
Raquel Míguez: Felicidades
Silvina L. Monge: Ailén
Beatriz Montero: Mujer perdida
Flor Moral: Yo sólo quiero ayudarla
99. Javier Muñoz Cuevas: Mi domingo sangriento
100. Nieves Muñoz Garrido: De tripas corazón
101. José Luis Murillo Blanco (Mublanc): El alma liberada
102. Virgilio Narros: Sábado por la tarde
103. David Navarro: Algunos de mis perfiles hablan
104. Luci Nevado: Catorce, Disparate, Versos
105. Eusebio Niño Ráez: Complicidad, Encuentro, Tu llamada, Yo te amé
106. Susana Obrero Tejero: Hoy he echado gasolina, Los tres cerditos
107. Estela Noemí Once: Estado de Bardo, El pan
108. Mariángeles Palacios: Escasez, Me gustaban los boleros
109. Clara Pastranni: Hacia atrás
110. Marisol Perales: Quiero ser como ellos, Canción, Recuerdos, Niña
111. José Luis Pereira: Como si besaran
112. Daniel Pérez Espinosa: Expira, Cuento encadenado, Canción con barba
113. Fernando Pérez Mateos-Cañero: Stanley
114. Manuel Petinal Meise: La primera carga
115. Juan Manuel Querejeta: El ángel, Están ahí, Actor de reparto
116. Laura Quintana García: Carta a los Reyes Magos
117. Adelina Ramos Sánchez: Cuando se encendieron las aguas
118. Mª Mar Redondo Sampedro: Astracán está en Rusia, Líneas
119. Erica Rendall: Adiós
120. Marta del Río García: Mi álbum, El felpudo
Carlos de los Ríos Soria: Un ruido en el armario
María Robles Solé: El casting, El camino
Gabriel Rodríguez: Curvo, Volverás
Graciela Rodríguez: Nudos y enredos
Roberto Romá: Grasa
Paloma Romero: El desayuno
Óscar Rozalén: Venus
Daniel Saavedra Aguirre: La mirada de Ikhram
Javier Sagarna: Oink
Ángeles Sánchez: ¿Qué estoy esperando?, Desencuentro, Mala suerte
Sonsoles Sánchez Melero: Bienvenidos al Café Estación
Henry Sánchez Torres: Breve historia de un paté
Elena Sanemeterio: ¿Y cómo por aquí?
José San Leandro Ros: ¿Dónde estará Rosa?
José Carlos Santamaría Poza: Una mirada en el Paraíso
Esther Santiago: 14 h. 30' viernes de marzo
Sonsoles Sanz: Divina conveniencia
Carlos Sobrino: Polifemo
Teresa María Sotillos Rubio: Hoy sin falta, Un trozo de papel
140. Fernando Tamarit: El deseo, Alguien llamó a mi puerta, Luces
Lourdes Techera Guerra: Carta a mi padre
Pilar Tesorero: Las actas de la memoria, Bocas abiertas y cerradas
Gema Torres Vázquez: Deseo, Una putada
Enrique Triana: Ahora que me he muerto
Marta Trinidad: Saliendo del túnel, Un chico en el espejo
Nuria Trujillo: La solana
Joaquín Valcarce: Vanagloria
Sara Valverde Canorea: Sí quiero, Mus, Asesino
Maryam Varela: Aterrizaje rizado
150. Víctor Vásquez Quintas: El retoño
Javier Vázquez Losada: Muerte por encargo
Carmela Vázquez Paz: Sin título
Pablo de las Vecillas García: Declaración, Mi portero, Greguerías
Reyes Velayos: Fiebre, El fotógrafo, Ya no, Mirando, Paisajes
Amalia Verdezoto: Penando
156. Manuel Yagüe Manzanares: Compañía de seguros, Tú

Primera edición: mayo de 2003
© de los relatos y prólogo, sus autores
© edición, Taller de Escritura de Madrid
ISBN:   84-921531-3-X
Impreso en España / Printed in Spain

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