|
En este tiempo,
fíjate que ya podemos hablar de meses, me he acostumbrado a ti,
a tu presencia en la distancia, a tu estar sin estar. Eres como una especie
de ángel de la guarda del que sólo cabe esperar cosas buenas.
Cuidas mi salud y la de mi alma, siempre encuentras la palabra que necesito,
el aliento para seguir caminado, aunque, a veces, tu voz no sea amable.
Me das alas, me haces sentir alguien especial pero, sobre todo, veo tu
mano tendida a cada paso que doy.
Sé que posiblemente nunca nos veremos. Tampoco me importa demasiado.
Lo que realmente deseo es que te quedes donde estás, fuera del
tiempo y del espacio. Quiero que tus versos sigan llegando hasta mis oídos,
acompasados con las olas en noches solitarias.
Me gustaría verte, claro, y sentir tu piel y tu calor; pero sobre
este anhelo prima el miedo a que se rompa la magia, el miedo a que la
imagen que he ido forjando de ti, con tus palabras y mis deseos, se desintegre.
En lo cotidiano todo es mucho más vulgar. Un sueño materializado
deja de ser un sueño.
Fíjate, ahora tengo tu foto y no eres ése, sino la misma
presencia sin rostro de los primeros días.
No espero nada, no quiero nada más allá de lo que ahora
tengo, sentirte cerca, saberte a mi lado, saberme comprendida y amada.
Si alguna vez me empeño en definir y aclarar la realidad, no me
hagas demasiado caso. En esos momentos nace la Alicia racional, la que
necesita ordenar y comprender el universo, la que quiere saber dónde
está ella con respecto al mundo. Piensa que la de verdad no es
esa. La otra, la auténtica, es la del mundo de las fantasías
y de los imposibles, la de las utopías y el corazón enamorado
de todo.
A veces, cuando te llamo y no te encuentro, o cuando te envío un
mensaje y no obtiene respuesta, me invade la sensación de la soledad,
creo que ya no volveré a verte, pienso que ha llegado el momento
de despertar del sueño que empezó en una noche de noviembre.
Es tu silencio el que me recuerda que eres de carne y hueso, que vives
más acá del mundo de las fantasías, en el mismo que
yo piso.
Eres el unicornio azul que no quiero perder, el sueño que quiere
seguir soñando. No necesito bajarte de ningún pedestal porque
estás bien ahí arriba y porque eso sólo sería
necesario en caso de que nos encontrásemos cosa que, de momento,
no va a suceder.
Deja que te dibuje con mi mente, que te pinte con los colores que he ideado
para ti, que te imagine con mi alma, que te esculpa con las manos de la
fantasía, que te convierta en ése ser perfecto que he fabricado.
¿Qué más te da ser así o no? ¿Qué
importa si no tienes que dar cuenta de nada? No has de esperarme en la
puerta del trabajo, ni secar mis lágrimas cuando caigan, ni regalarme
nada en los cumpleaños, ni abrigarme en las noches de frío,
ni aguardarme hasta la hora de la cena...
Deja que te sueñe... porque sólo tienes que ser susurro
alguna noche y presencia en la distancia.
Permite que te convierta en el encantador de almas ideado por mí.


|