Leí el diario de un extraño (2003)

Me gustas cuando callas

Begoña Carrera

Me gustas cuando callas porque estás como ausente y no me das la tabarra; ¡Y mira que es difícil que tú calles durante dos minutos seguidos!
Hasta cuando ves, en televisión, esos programas de cotilleo, tienes que comentármelo todo. Que si Marujita ya no tiene cubano, que si el príncipe se casará con una noruega, o de dónde narices sea.
Lo peor es cuando quieres saber mi opinión y me interrogas:
—Cariño, ¿crees que nuestro príncipe se casará con una plebeya?
Y yo que sé, Ana; y a mí qué me importa, si todos los 14 de abril brindo por la República.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente pero cada día callas menos y me crispas más.
Me compré unos tapones para no escucharte, pero lo notabas y acercabas tu cara a la mía. Veía como tus labios se movían a gran velocidad y encima te entendía que Anita Obregón había posado en Mallorca y ¡que estaba operada de todo!
Hasta he pensado dejarte, pero con mi sueldo no puedo pagarte una pensión y tratar de vivir. Además, te quiero.
Lo siento. Siento haberme puesto así, pero cuando entraba por la puerta, lo del accidente de Jesulín y la pena que te da su niña me ha alterado mucho y he tenido que apretar hasta callarte.
Ahora, en este sillón, estás preciosa, y mientras tú ves la televisión yo puedo recitarte a Neruda sin que me cortes:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente
y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

¡Mira, mi amor! Mira las imágenes que están poniendo en televisión. Han interrumpido tu programa favorito para poner un avance informativo. ¿Lo oyes, cariño? El locutor comenta que hoy, 11 de septiembre del año 2001, será una fecha que marcará un antes y un después en nuestras vidas.

Día del Carmen

Creo que este año no tendremos sangría por el día del Carmen. Día de verano y fruta fresca nadando por aquel vino tinto y algunos secretos de mi abuela.
La abuela era la reina de las sangrías y, desde que se fue, ya no lo hemos vuelto a celebrar igual, y ahora todo flota en mis recuerdos como los trozos de fruta en aquel vino. Una bebida prohibida para los pequeños y que, a escondidas, sólo comiendo la fruta, hacía que la pócima de la abuela nos diera la risa tonta.
Los mayores se reían mucho y eran más amables con nosotros. Nos dejaban tranquilos y nosotros a ellos.
La abuela era la anfitriona de la fiesta, pero había otras dos Cármenes por allí. Mi tía la mayor, y su hija la pequeña.
Abuela Carmen, tía Carmen, prima Mari Carmen
La abuela se fue y se llevó con ella la sangría y la felicidad de nuestras reuniones.
La tía se está marchando y se llevará con ella esa parte de nuestra infancia que tanto le gustaba recordarnos.
La prima se consume en llanto y tristeza.
Se acerca El Día del Carmen y tengo miedo.

Me llaman “El gran besador”

Creo que no he de explicar el motivo pero por si hay algún despistado diré, a modo de aclaración, que es por la capacidad que poseo de enloquecer con mis besos.
Mujer que beso, mujer que cae rendida. Yo pienso que la cosa no es para tanto pero dicen que soy algo extraordinario.
No, no se trata de fardar aunque les parezca un fanfarrón. ¿Qué iba yo a conseguir diciendo esto?
Lo cuento porque estoy un poco harto de este sambenito que me han colgado. Al principio no me disgustaba, todo lo contrario. Ahora me agobia bastante, porque me acosan para que las bese.
Dicen que soy una especie de curandero y que con un beso mío les bastará para sanarse.
—¿De qué?
Eso mismo me pregunto yo. ¿De qué narices puedo sanar yo, con un beso?
Los amigos me sugieren que ponga una especie de consulta, con letrero y todo. Que me anuncie, porque podría tratarse de un buen negocio.
¿Cómo me anuncio yo? ¿“El gran besador curará todos sus males” o algo así?
No, no, no. Una cosa es besar por el placer que me da y otra muy distinta es convertirse en un profesional del beso.
Imagínense si no a la hora de rellenar un formulario.
Nombre y apellidos:
Ricardo González Esteban
Profesión:
Besador.

¿Y la higiene? Porque por los besos se transmiten muchas enfermedades y en mi consulta no voy a decir:
—A usted no la beso porque tiene boca de sapo.
—A ti sí, porque me gustan tus labios sensuales.
¡Que no! Que esto me parece una tontada. No me parece bien sacar provecho de un beso.
…porque un beso de amor no se lo doy a cualquiera.

Haz clic aquí para imprimir este relato

Ir al siguiente cuento

Volver al índice del libro