Leí el diario de un extraño (2003)

Romea y Julieto

Chema Gómez de Lora

Para Margarita y Juan Antonio

Myriam se retiró a vivir al valle del río Rabel con su hija Paula de nueve años. En el único colegio de la comarca no habría más de quince alumnos.
—¿Cuántos invitados vendrán a tu fiesta de cumpleaños?
—Quince —contestó Paula.
Aquel día preparó una merienda en la fresneda del río junto al puente gótico. Llevó una tarta de queso y las velas.
—Ese chico que te ha regalado la película de Harry Potter ¿Cómo se llama? —preguntó Myriam.
—Julieto.
—Es muy simpático contigo. Parece que le gustas —dijo Myriam al oído de Paula.
—No creo. Además está casado.
Myriam se rió interpretando que casado significaba novio. Después quiso saber quién era la afortunada.
—Su mujer es ésa, la del bañador azul. Se llama Romea. Es que ellos dos son los únicos niños que viven en Timbal, el pueblo donde está la farmacia. ¿Sabes cuál te digo? Como se divierten juntos, se han casado. Total, dicen que van a estar siempre juntos, se casen ahora o se casen a los veinte.
Al anochecer, vinieron los padres. Los invitados fueron desapareciendo. Querían bañarse más tiempo y jugar al waterpolo, pero nada, los adultos se los llevaban en coche. Con la última luz, sólo quedaron en el río Paula, Romea y Julieto. Se lanzaban una y otra vez desde el puente al agua.
—Nos tenemos que ir, hija.
—Déjame una vez más —pidió Paula.
—No, que tienes los labios morados y estás tiritando —replicó Myriam.
—Ellos también están tiritando.
—Ya, pero ellos... son... —dijo Myriam mirando como Romea y Julieto se salpicaban con una pistola de agua.
Mientras Paula se ponía la blusa y el vestido, Romea dijo:
—Julieto, ¿puedo lanzarme de cabeza cinco o seis veces más?
—Con una condición, que tú también me dejes a mí.
—Vale, no tenemos ninguna prisa —respondió Romea levantando los hombros.
“Tened cuidado, hoy no habrá luna”, pensó en decir Myriam.
Asomada a la ventana, Paula no ponía atención a la película de Harry Potter. Aún se oían las risas de sus amigos. Después de que Harry hiciera su primer vuelo en escoba, Paula cerró la cortina. Había visto las luces de las bicicletas de Romea y Julieto alejarse por el camino.

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