Jessy era una chica de origen
judío, aunque su familia no seguía mucho las tradiciones:
comían tacos al pastor y casi nunca celebraban el Sabbat;
sólo festejaban el Yom Kippur (Día del Perdón),
y alguna fiesta más. Ella tenía la nariz un poco grande
y más bien aguileña, pero siempre dijo que cuando cumpliera
los dieciocho se la iba a operar. También era bastante caderona,
la típica chica que estaba siempre a dieta pero nunca bajaba
de peso. Itzel fue adoptada en Estados Unidos y sus rasgos eran los
de la clásica gringa, ya sabes, el pelo muy rubio, casi blanco,
los ojos azules, la nariz respingona. Era muy parlanchina y siempre
le gustó llamar la atención, pues en su casa no le hacían
ningún caso. Nunca tuvo muy claro por qué la adoptaron,
ya que sus padres tenían tres hijos propios. Ninguno de sus novios
me gustaba para ellas.
El novio de Itzel era el clásico macho que le pintaba el cuerno
a la novia con cualquier cosa que tuviera faldas. El de Jessy, se me
paran los pelos nada más pensarlo. Era un chico violento. Me
acuerdo un día en que se pelearon y ella se fue a mi casa. Más
tarde llegó él tocando el timbre, golpeando la puerta.
Le abro y me empieza a decir a gritos que quiere ver a su novia. Le
contesto que en mi casa no está. De repente golpea la pared,
el coche, lo que encuentra. Me da miedo ser la próxima y le cierro
la puerta. Mientras pienso todo esto las escucho cuchichear entre ellas,
y les pregunto:
¿Qué pasa?
Estamos embarazadas me soltó esta pinche Jessica.
Me quedé de piedra.
¿Ustedes son pendejas o se hacen? es lo único
que se me ocurrió decir.
Mis padres me van a matar, me van a correr de casa la pobre
Itzel terminó de decirlo y se puso a llorar.
No te pongas así, imagínate cuando mi gente se entere
de esto, va a ser todo un escándalo, voy a estar en boca de todo
mundo. Pero ya tomé una decisión lo comenta toda
tranquila o por lo menos eso aparentaba.
¿Cuál es esa decisión? le pregunté.
Voy a abortar, y no importa que esté prohibido, sé
de una persona que lo hace llegó a decir Jessy.
Pero ¿no ves que te puede pasar cualquier cosa? Tu vida
corre peligro con ese tipo de gente, vete tú a saber si son médicos
de verdad se lo dije porque me estaba empezando a preocupar. Si
le pasa algo, ¿qué le vamos a decir a sus padres?
Prefiero quedarme en la plancha antes de pasar toda la vergüenza
fue lo único que me contestó.
Pues yo voy a tener el bebé, me importa un bledo lo que
digan los demás, seguro que mis padres van a querer que lo entregue
en adopción, pero eso sí que no, no voy a cometer el mismo
error que mi madre verdadera, eso lo tengo muy claro las palabras
de Itzel fueron firmes y ahora sí la vi más calmada.
A Jessica la acompañamos a abortar a una clínica clandestina,
que era más bien un cuchitril sucio y apestoso. Había
papeles de periódicos hecho bolas y tirados en el suelo, las
paredes tenían manchas, unas de humedades y otras de cochambre.
La única luz salía de un foco colgado en el techo por
un cable y también entraba un poco de luz de una ventanita que
tenía el cristal roto, toda la habitación era gris, sin
pintar, el suelo era cemento, era todo tan deprimente, tan triste
Y nosotras teníamos tanto miedo de lo que pudiera pasar... Había
una señora sentada en una silla vieja de madera leyendo un cómic
mientras comía una torta. Cuando nos vio se levantó y
nos pidió el dinero. Beto, el novio de Jessy, le pagó.
Luego mandó pasar a mi amiga a la habitación de a lado,
que estaba igual de sucia que la otra pero con una especie de camilla
oxidada y un mueble con cajones. Esta señora le explicaba que
el doctor en un ratito llegaba. La cara de la pobre Jessica era de auténtico
terror. Tenía los ojos muy abiertos, miraba todo y luego nos
miraba a nosotros. Estaba temblando, no sé si era de frío
o de miedo. La señora le quiso poner la venoclisis en el brazo
para anestesiarla pero no le encontraba la vena; al quinto pinchazo,
Jessy no pudo más y se puso a llorar, mientras Itzel le reclamaba
a la señora. Yo le decía a Jessica que lo podía
pensar, pero ella decía que no quería estar embarazada.
Entonces la traté de tranquilizar, diciéndole que nosotras
estábamos ahí, que no se preocupara.
Al final llegó el médico y nos echó fuera, quería
estar a solas con la paciente. Al pasar una hora, salió el doctor
a decirnos que nos la podíamos llevar. Beto la cargó hasta
el coche, pues ella estaba todavía medio dormida. Nos fuimos
a casa de Jessy, y tuvimos la suerte de que los padres se habían
ido de viaje; por lo tanto, nos quedamos a dormir y la pudimos cuidar.
Después de esto, Jessy citó a Beto en una cafetería
llena de gente, por si se ponía agresivo, y terminó su
relación con él.
Ahora faltaba Itzel. Primero hablar con sus padres. Estos querían
que se casara con Víctor, su novio, pero ella fue firme y les
dejó muy claro que por mucho que la presionaran no se pensaba
casar, y que además iba a cortar con él. Acto seguido
la echaron de casa. Se fue unos días a la mía, mientras
buscaba trabajo, ya que nuestro colegio era muy conservador y también
la echaron; según alegaban, era un mal ejemplo para los demás.
Menos mal que la familia de Víctor se portó de maravilla
con ella, le dieron trabajo y también le pasaban una pensión,
ellos mismos se daban cuenta de que su hijo era todavía muy inmaduro
y la elección de ella era la mejor. Tuvo una niña, con
los mismos ojos azules que Itzel pero la cara de Víctor. Era
preciosa, tenía unos cachetes gorditos, parecía una muñequita.
Ya han pasado muchos años, Jessy ahora es ortodoncista. Se casó
con otro chico. Primero tuvo gemelos y luego otro niño. Su marido
es un encanto y muy buen padre, aunque por vivir en una sociedad que
no ve con buenos ojos el aborto, donde el médico que lo haga
puede perder su título e incluso ir a la cárcel y a la
gente se le inculca que las mujeres que abortan son asesinas de sus
propios hijos, Jessica tiene remordimientos de conciencia. Nadie lo
sabe, ni su marido. Creo que por eso ella tiene la necesidad de tener
otro bebé. Itzel formó su propia empresa de ordenadores,
también se casó con un buen chico y tuvo dos hijos varones,
a ella y a su hija les costó mucho salir adelante, pero por fin
encontró la felicidad que sinceramente se ha ganado..