Leí el diario de un extraño (2003)

Decisiones importantes

Ruth Mateo

Jessy era una chica de origen judío, aunque su familia no seguía mucho las tradiciones: comían tacos al pastor y casi nunca celebraban el Sabbat; sólo festejaban el Yom Kippur (Día del Perdón), y alguna fiesta más. Ella tenía la nariz un poco grande y más bien aguileña, pero siempre dijo que cuando cumpliera los dieciocho se la iba a operar. También era bastante caderona, la típica chica que estaba siempre a dieta pero nunca bajaba de peso. Itzel fue adoptada en Estados Unidos y sus rasgos eran los de la clásica gringa, ya sabes, el pelo muy rubio, casi blanco, los ojos azules, la nariz respingona. Era muy parlanchina y siempre le gustó llamar la atención, pues en su casa no le hacían ningún caso. Nunca tuvo muy claro por qué la adoptaron, ya que sus padres tenían tres hijos propios. Ninguno de sus novios me gustaba para ellas.
El novio de Itzel era el clásico macho que le pintaba el cuerno a la novia con cualquier cosa que tuviera faldas. El de Jessy, se me paran los pelos nada más pensarlo. Era un chico violento. Me acuerdo un día en que se pelearon y ella se fue a mi casa. Más tarde llegó él tocando el timbre, golpeando la puerta. Le abro y me empieza a decir a gritos que quiere ver a su novia. Le contesto que en mi casa no está. De repente golpea la pared, el coche, lo que encuentra. Me da miedo ser la próxima y le cierro la puerta. Mientras pienso todo esto las escucho cuchichear entre ellas, y les pregunto:
—¿Qué pasa?
—Estamos embarazadas —me soltó esta pinche Jessica. Me quedé de piedra.
—¿Ustedes son pendejas o se hacen? —es lo único que se me ocurrió decir.
—Mis padres me van a matar, me van a correr de casa —la pobre Itzel terminó de decirlo y se puso a llorar.
—No te pongas así, imagínate cuando mi gente se entere de esto, va a ser todo un escándalo, voy a estar en boca de todo mundo. Pero ya tomé una decisión —lo comenta toda tranquila o por lo menos eso aparentaba.
—¿Cuál es esa decisión? —le pregunté.
—Voy a abortar, y no importa que esté prohibido, sé de una persona que lo hace —llegó a decir Jessy.
—Pero ¿no ves que te puede pasar cualquier cosa? Tu vida corre peligro con ese tipo de gente, vete tú a saber si son médicos de verdad —se lo dije porque me estaba empezando a preocupar. Si le pasa algo, ¿qué le vamos a decir a sus padres?
—Prefiero quedarme en la plancha antes de pasar toda la vergüenza —fue lo único que me contestó.
—Pues yo voy a tener el bebé, me importa un bledo lo que digan los demás, seguro que mis padres van a querer que lo entregue en adopción, pero eso sí que no, no voy a cometer el mismo error que mi madre verdadera, eso lo tengo muy claro —las palabras de Itzel fueron firmes y ahora sí la vi más calmada.
A Jessica la acompañamos a abortar a una clínica clandestina, que era más bien un cuchitril sucio y apestoso. Había papeles de periódicos hecho bolas y tirados en el suelo, las paredes tenían manchas, unas de humedades y otras de cochambre. La única luz salía de un foco colgado en el techo por un cable y también entraba un poco de luz de una ventanita que tenía el cristal roto, toda la habitación era gris, sin pintar, el suelo era cemento, era todo tan deprimente, tan triste… Y nosotras teníamos tanto miedo de lo que pudiera pasar... Había una señora sentada en una silla vieja de madera leyendo un cómic mientras comía una torta. Cuando nos vio se levantó y nos pidió el dinero. Beto, el novio de Jessy, le pagó. Luego mandó pasar a mi amiga a la habitación de a lado, que estaba igual de sucia que la otra pero con una especie de camilla oxidada y un mueble con cajones. Esta señora le explicaba que el doctor en un ratito llegaba. La cara de la pobre Jessica era de auténtico terror. Tenía los ojos muy abiertos, miraba todo y luego nos miraba a nosotros. Estaba temblando, no sé si era de frío o de miedo. La señora le quiso poner la venoclisis en el brazo para anestesiarla pero no le encontraba la vena; al quinto pinchazo, Jessy no pudo más y se puso a llorar, mientras Itzel le reclamaba a la señora. Yo le decía a Jessica que lo podía pensar, pero ella decía que no quería estar embarazada. Entonces la traté de tranquilizar, diciéndole que nosotras estábamos ahí, que no se preocupara.
Al final llegó el médico y nos echó fuera, quería estar a solas con la paciente. Al pasar una hora, salió el doctor a decirnos que nos la podíamos llevar. Beto la cargó hasta el coche, pues ella estaba todavía medio dormida. Nos fuimos a casa de Jessy, y tuvimos la suerte de que los padres se habían ido de viaje; por lo tanto, nos quedamos a dormir y la pudimos cuidar. Después de esto, Jessy citó a Beto en una cafetería llena de gente, por si se ponía agresivo, y terminó su relación con él.
Ahora faltaba Itzel. Primero hablar con sus padres. Estos querían que se casara con Víctor, su novio, pero ella fue firme y les dejó muy claro que por mucho que la presionaran no se pensaba casar, y que además iba a cortar con él. Acto seguido la echaron de casa. Se fue unos días a la mía, mientras buscaba trabajo, ya que nuestro colegio era muy conservador y también la echaron; según alegaban, era un mal ejemplo para los demás. Menos mal que la familia de Víctor se portó de maravilla con ella, le dieron trabajo y también le pasaban una pensión, ellos mismos se daban cuenta de que su hijo era todavía muy inmaduro y la elección de ella era la mejor. Tuvo una niña, con los mismos ojos azules que Itzel pero la cara de Víctor. Era preciosa, tenía unos cachetes gorditos, parecía una muñequita.
Ya han pasado muchos años, Jessy ahora es ortodoncista. Se casó con otro chico. Primero tuvo gemelos y luego otro niño. Su marido es un encanto y muy buen padre, aunque por vivir en una sociedad que no ve con buenos ojos el aborto, donde el médico que lo haga puede perder su título e incluso ir a la cárcel y a la gente se le inculca que las mujeres que abortan son asesinas de sus propios hijos, Jessica tiene remordimientos de conciencia. Nadie lo sabe, ni su marido. Creo que por eso ella tiene la necesidad de tener otro bebé. Itzel formó su propia empresa de ordenadores, también se casó con un buen chico y tuvo dos hijos varones, a ella y a su hija les costó mucho salir adelante, pero por fin encontró la felicidad que sinceramente se ha ganado.
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