Nada normal (2002)

La mejor

Reyes Velayos

Cuando le conocí, tenía el pelo largo, liso y castaño, como sus ojos, grandes y de largas pestañas, un tatuaje, un piercing y cara de lobo, como a mí me gustan, de andar balanceante y mirada caída.

El chico malo del barrio.

Y sus pasiones.

Las motos, sólo una, la suya. Siempre en moto a todas partes, en aquella moto roja, brillante y desafiante. Roja de sangre. Teniendo que pasar por el mismo lugar una y otra vez. Ese lugar... Rojo de sangre también.

Los perros, sólo uno, Luca. El mejor.

Los amigos, sólo uno, Ángel. El mejor, esté donde esté.

Siempre piensa en Ángel cuando va en moto, siempre piensa en Ángel cuando pasa una y otra vez por ese lugar. Siempre se atormenta porque no pudo salvarle. Siempre está su imagen rota cuando cierra los ojos. Siempre en ese lugar.

Una chica, sólo una, la única, la mejor. 9 de abril, un buen día para hacer el amor, ¿un buen día para morir? Desde su habitación, ve el lugar donde ocurrió. Ese lugar. Esa maldita curva donde siempre competían. Aquella curva. Desde su habitación, cuando está con ella, con la mejor, parece que el dolor y la culpa se encogen, se arrugan, se adormecen. Puede hablarle de Ángel como si aún estuviera vivo. Puede hablarle de lo ocurrido, como si hubiera ocurrido ayer. Incluso como si no hubiera ocurrido y solo fuera un mal sueño. Un mal sueño. Cuando se despierta junto a ella, la mejor, durante un instante, siente que no ha ocurrido, que ha sido un sueño, que Ángel se está despertando también, un par de manzanas más abajo, que puede venir a buscarle en cualquier momento, que saldrán otra vez juntos en moto. Pero enseguida se desvanece la sensación, la verdad le golpea la cara devolviéndole a la realidad.

En esos momentos, sólo le queda ella, la mejor. Ella y ellas: las drogas, todas.

Con ellas puede repetir ese instante hasta convertirlo en eterno. Ya no hay dolor, ni culpa, se desvanecen en medio de esa nube de polvo blanco. Desaparecen. Y sin apenas darse cuenta, ella también desaparece. No importa, no la necesita, las tiene a ellas y nunca le abandonarán.

Ni aquella curva, aquella maldita curva donde siempre competían y que hoy vuelve a teñirse de sangre que se confunde con la moto roja, brillante y desafiante.

9 de abril, realmente sí es un buen día para morir.

Morir, porque no pudo salvar a Ángel, al mejor, igual que ella, la mejor, no le ha podido salvar a él.



¿Y ahora? Ahora es ella la que pasea a Luca por esa curva, ahora es ella la que se atormenta porque no pudo salvarle, ahora es ella la que ve su imagen rota cuando cierra los ojos, porque decidió huir cuando compartió con ella todas las cosas, las importantes, las grandes cosas y también las pequeñas, como sus discos y sus cómics favoritos. Porque sintió deseos de correr cuando él dijo “te quiero”, y lo hizo.

Una chica, la única, ¿la mejor?: Yo.

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