El incidente

 Mª de la O Guillén Socías

Esta mañana, con ojeras de haber dormido mal, despeinada y encima distraída, le di un golpe con mi coche a otro que había delante de mí en un semáforo.

Inmediatamente bajó de él un hombre alto, atractivo, impecablemente vestido. Con el móvil en la mano se acercó a mi coche y comenzó a decirme:

—Tengo una prisa enorme; no puedo perder un segundo. ¿Es que no te fijas por donde vas? ¡Qué faena, tú! Toma mi número de teléfono. ¿El tuyo es?

—2876563 —respondí yo.

—De acuerdo. Nos llamamos

Se subió rápidamente en su coche y desapareció. En el tiempo que esta fantástica y acelerada criatura hizo todo esto, a mí sólo me alcanzó para bajar la ventanilla. Hace unos minutos acaba de llamar. Me ha dado a toda prisa sus datos y ha tomado a toda velocidad los míos. La brevedad con que este activo individuo ha llevado el asunto está rozando prácticamente el límite de la existencia. Por muy poco mi seguro hubiera tenido que cubrir un suceso inexistente. Me pregunto si hará el amor con igual urgencia.



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