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RUIDO DE FONDO
Aquí tienes algunos cuentos de Ruido de fondo, la antología de relatos de los alumnos publicada en mayo de 1999 por el Taller de Escritura de Madrid.

PRÓLOGO
ÍNDICE DE AUTORES Y ENLACES A LOS RELATOS
 
PRÓLOGO de ENRIQUE PÁEZ

Las cosas no serían las mismas si no pudiéramos nombrarlas, si no pudiéramos escribirlas. Y nosotros tampoco. La escritura modifica la realidad (y a veces la construye, es la realidad misma). Y creo que de algún modo también nosotros somos lo que decimos y lo que nos dicen: secuencias y cadenas de palabras. Somos mitad ADN y mitad sintaxis. He oído muchas veces decir: «Yo no escribo, prefiero vivir», y siempre me ha parecido que esa afirmación esconde una mentira. La escritura no se opone a la vida, porque es vida misma, o una parte muy importante de ella. Huir de la escritura para dedicarse a vivir no me parece sino una huida hacia adelante, como suicidarse por tener inmensas ganas de vivir.

Recuerdo que en una de las primeras entrevistas que me hicieron a comienzos del Taller de Escritura, hace seis años ya, dije: «La escritura y el psicoanálisis liberan, pero escuecen». Cumplidos ya algunos años, tras tantos alumnos y alumnas que se han acercado al Taller para escribir, compartir y desvelar su creatividad, volvería a decir lo mismo. Puedo asegurar que casi para ninguno de ellos la escritura ha sido, ni es, un entretenimiento banal, una manera agradable de pasar el rato, sino una auténtica necesidad, un ejercicio de creación muchas veces doloroso, pero siempre liberador. Empezaron escribiendo sobre ellos mismos, con relatos saturados de memorias y vivencias autobiográficas, y terminaron construyendo relatos sobre adolescentes kosovares, policías budistas, orangutanes divorciados o farmacéuticas psicópatas, pero que nadie se equivoque: nunca han dejado de escribir acerca de ellos mismos. En el proceso creador descubrimos que podemos llegar a ser muchos, que la empatía nos permite aprehenderlos. Pero eso es sólo en un primer momento. Luego sabremos que en realidad lo somos, que somos todos ellos, que dentro de nuestra piel viven mil personajes contradictorios, que nos habitan los innumerables hombres y mujeres de la tierra, del pasado y del futuro, en una celebración mística que heredamos de muy antiguo, cuando todos éramos uno, confundidos nuestros átomos en un solo cuerpo. Tal vez ése fuera el momento previo al Big Bang, casi no lo recuerdo.

Durante los dos últimos cursos Ángel Zapata y Javier Sagarna se han incorporado al Taller como coordinadores de grupos de relato breve y de novela corta. Yo los conocía desde hacía ya algunos años, y esperaba mucho de ellos, pero no tanto como lo que han dado de sí en la realidad. He llegado a sentir envidia por las muestras de cariño que recibían por parte de sus alumnos. No es que yo no las reciba (y muy abundantes, gracias); son más bien celos de hermano mayor al que de pronto le han crecido dos hermanos geniales con los que compartir los halagos de la familia y el vecindario. Se lo merecen. Contar con ellos ha sido una de las mejores decisiones que puedo haber tomado en toda mi vida. Sus alumnos lo saben.

Ser profesor de escritura creativa requiere algunas cualidades. Algunas de ellas son más o menos evidentes: una cierta preparación literaria, conocimiento de técnicas narrativas, vocación, capacidad para la enseñanza, paciencia, empatía, confianza... Pero hay más. Y una de ellas, que me parece fundamental, sólo he podido descubrirla con la práctica: la capacidad para aprender. Supongo que todos los alumnos y alumnas del Taller han aprendido algo en el tiempo que asistieron a las clases. Así lo dicen y se puede demostrar (incluso con documentos escritos, como en los juicios sumarísimos: con sus propios textos). Pero pocas veces se habla de lo que aprenden los profesores. Y es mucho. No estoy hablando sólo de técnicas narrativas, que también, porque nuestros alumnos tienen mucho que decir y enseñar en el terreno literario, sino de honestidad y tolerancia. Lo que se dice y lo que se escribe en el Taller de Escritura, así como la manera de decirlo y de escuchar, no es sólo un modo de hacer, sino un modo de ser. En muy pocos espacios yo he podido encontrar grupos de personas tan diferentes y, al mismo tiempo, tan respetuosas con las diferencias. Cada sesión del Taller es un modelo de tolerancia y democracia como muy pocas veces sucede en otras realidades, extramuros del aula. Y eso es algo que no sucede por el simple oficio de los profesores, sino por el talante de los propios alumnos y alumnas. No sé si en el resto de las horas que componen nuestras vidas existe el mismo comportamiento, pero me resulta fácil imaginar que no siempre. Sé que por alguna razón, y durante el breve tiempo que duran las sesiones, cada uno de los que participan en ellas saca lo mejor de sí mismo, tal vez porque los demás hacen lo propio, o porque la literatura es tan importante para todos ellos que no tienen tiempo para ir jugando al escondite y las mentiras. Al poco tiempo de asistir al Taller, cualquier alumno sabe que sus textos serán muy criticados, pero siempre desde un punto de vista rigurosamente literario, y nunca desde una óptica moral, ideológica o social. Las leyes internas de participación, que nunca han sido escritas, pero en las que coincidimos todos de una manera implícita, son muy estrictas en ese aspecto, y muy amplias en todos los demás. Sólo así se puede entender que trabajen juntos durante un año o más personas de distinto carácter, edad, sexo, formación cultural, tendencia política o gustos privados. Y es que la escritura, que es casi el único punto común para personas tan distintas, es más importante de lo que parece. Mucho más incluso de lo que nosotros mismos imaginamos. Lo mejor de este Taller, y eso es algo que nunca me cansaré de repetir, son sus propios alumnos. Los coordinadores aprendemos junto a ellos tanto o más que ellos mismos. Y ya iba siendo hora de decirlo.

Los relatos que aquí se presentan son pequeños relámpagos de lucidez que invitan a la reflexión; y obedecen la ley narrativa que dictó el teórico Tzvetan Todorov: «Todo relato es movimiento entre dos equilibrios semejantes, pero no idénticos». La genialidad del escritor radica, por un lado, en la observación detenida de lo que sucede a su alrededor y, por otro, en la capacidad de ver más allá de la escena, trasponerla, buscar asociaciones con otras realidades y transmitírselo al lector. Escribir no es fantasear inagotablemente, sino ver más allá de los objetos y las personas, y descubrir los mundos ocultos que no son visibles a simple vista. Como diría Paul Eluard: «Hay otros mundos, pero están en éste».

Al igual que en los relatos extensos, estos cuentos, o microcuentos, cuentan al menos dos historias: una es muy visible, y la otra es una reflexión que corre paralela en otro punto de la realidad. En muchos de ellos la historia rompe la frontera entre el sueño y la realidad. Y además casi todos cumplen las características y ventajas fundamentales del relato que enunció Poe hace siglo y medio: brevedad, economía, intensidad, unidad de efecto y desenlace imprevisto. Cuentan, por tanto, dos historias por el precio de una, que diría Ángel. Tal y como sucede, a otro nivel, con las metáforas, con los símbolos bisémicos, o con las funciones denotativas y connotativas del lenguaje. En estos cuentos hay decenas de imágenes de doble registro que actúan como metáforas de situación. «Lo que está arriba es como lo que está abajo», dice una de las siete leyes herméticas de Hermes Trismegisto, la de la correspondencia. Y, del mismo modo, lo pequeño no es sino un reflejo de lo grande. La literatura, y aquí hay un buen ejemplo de ello, es el territorio de la pluralidad de significados, de la evocación y la metáfora.

Los autores de este libro, tras una aparente simplicidad, parecen querer demostrar que no hay que buscar fuera lo insólito y lo sorprendente: en la rutina de lo cotidiano (el microcosmos) hay destellos que reflejan el universo entero (el macrocosmos); sólo hace falta observarlos con atención. Así pues, en todos estos relatos, incluidos los microcuentos, el lector podrá encontrar dos historias: la visible y la invisible. Son cuentos con lupa, casi metáforas.

Me queda añadir que, al igual que Ángel y Javier, en el próximo curso del Taller se incorporarán como coordinadores Isabel Cañelles y Chema Gómez de Lora. Con ellos vamos a seguir creciendo en calidad y cantidad. Sé que sus futuros alumnos lo agradecerán.

Y dar las gracias. Gracias a todos los que habéis asistido a las sesiones del Taller a costa de robar un poco de tiempo a novios, novias, amigos y familiares. A los alumnos del Colegio Mayor Chaminade, vencedores del sueño y el cansancio a esas horas infames de cada jueves por la noche. A Medardo Fraile por sus magníficos cuentos y consejos. Al Taller de Escritura Creativa Fuentetaja, con los que compartimos mucho más que objetivos y simpatías (nos veremos de nuevo en la Feria del Libro, espero). A Eduardo Heras León y su Taller de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso de La Habana, hermanados en la distancia. A Nacho, Elías, Marisa, Marcela, Alfredo, Alekos, Alberto, Diego, Nines, Magdalena y tantos que se me olvidan.

Y muchas felicidades a los antiguos alumnos que reciben premios y van publicando sus novelas y cuentos en los últimos años: Alfonso Fernández Burgos, Elena Belmonte, Julio Reija, Mª José Guillén Rubio, Ana Ossenbach, Elena Hernández, Pilar Cristobal, Victoria Lizcano, Carmen Cacho, Lara López, Carlos Molinero, Eugenia Rico, Nacho Reig, Juan Pimentel, Clara García Fernández-Muro, Raquel Portaencasa, Chus Melchor, Raquel Gutiérrez Romero, Juan Carlos Sánchez, Gemma Moraleja, Daniel Argote y José Mª Verdú (es posible que haya alguno más, pido disculpas por las ausencias). Y también para los que al menos lo intentan, enhorabuena.

Enrique Páez, abril de 1999

ÍNDICE DE AUTORES de Ruido de fondo

Javier Arranz: OSCURIDAD
Ignacio Ayerbe García: LAS SOMBRAS DE UNA NOCHE
Alberto Baena: RAFAELITO
Javier Ballesteros: VÍA RESERVADA
Paloma Barrientos L.: EL VIAJE
Germán Bayón: PASADO
Marta Bernar Arocena: LA LISTA
Mercedes Blázquez: EL CUERPO EN CONDICIONES
Carmen Cacho Ordax: LOS CHINITOS
Cecilia Canal: YO TAMBIÉN TE QUIERO
Montse Cantón: QUINCE MINUTOS
Mª Antonia Castro: ¿ERES RICA?
Patricia Cereijo: ADIÓS, PAULINE y REMITE: DANTE
Cristina Cerrada: COMPAÑEROS
Rafa Cervera: PERSISTENCIA
Carmen Cifredo Martín: PROMETEO
Juan Crespo: LLUVIA EN EL AVIÓN
Nieves Díaz: GENIO Y FIGURA
E. E. Z.: VIOLENCIA GERIÁTRICA
Marta Gamboa: LOS OTROS
Marta García Aller: DE ESO QUE NO SE PUEDE DECIR
Carlos García Rodríguez: JUNIOR, EL GORDO
Mª Carmen García-Roméu: LA DECISIÓN DEL ÁRBITRO
Marta Gayá: LA CARTERA
Elena Gómez Aguilar: ESTA NOCHE
Chema Gómez de Lora: SÍ, EL DE CURAR LAS HERIDAS
Óscar González García: SEXO CASUAL y JAQUECA
Mª de la O Guillén Socías: UN DÍA CUALQUIERA y EL INCIDENTE
Rosa Gutiérrez Bodas: INTERCAMBIO DE PAPELES
Estrella G. Hervás: LAS ESTRELLAS BAILARON PARA MÍ y PALABRAS
Raquel Gutiérrez Romero: GEMELOS
Josheras: SERGUEI, QUERIDA HERMINIA
Elena Hernández: SALAS EN LA MEMORIA
Nuria Izquierdo: IDENTIDAD y MICROCUENTO
Arogin Large: MI NEGRITA
David Lastras: LA LEY DEL ROCE y TÚ DECIDES
Manuel Limones Mena: EL TAMAÑO SÍ IMPORTA
Victoria Lizcano Sacristán: EL RAMO y DOÑA LUCÍA
Gabriela Llanos: SIN REMEDIO
Arantxa Llorente: LAS CENIZAS DE AURELIO
Lara López: SIN TÍTULO
Alfonso Lourido: CUENTO SOBRE UNA MENTIRA
Miguel Luis Sancho: EL RETRATO y ESA MADRUGADA
Josemaría Maese Pastor: EL EXTERIOR TAN SÓLO... y MICROCUENTOS
Esperanza Mallavibarrena: HORA PUNTA
Francisco Javier Martín Villanueva: POR EL TÚNEL
Alicia Martínez Martínez: EQUÍVOCO DE BONDAD
Dori Martínez Monroy: ENFERMA DE URGENCIA y VIDA COTIDIANA
Lola Melero: UNA PERVERSIDAD FAMILIAR
Chelo Morales: MATAR A UN MUERTO y A MI PADRE
Guillermo Muñoz: EL MAJARETA
Carmen Narbarte: CONCHA
Luis Félix Navarro Parada: A VER CÓMO SE LO DIGO A VICTORIA
Vicente Pachón: TE DARÉ LA LUNA y PARA UN HIJO
Pelayo Alarcón: GANARÁS EL PAN CON EL SUDOR DE TU FRENTE
Sylvia Pérez: NIEVES, A ESAR DE TODO
Javier Pérez de Vargas: CARTA DESDE SANTA FE
Samuel Pérez Mombiedro: GOLEM
Carmen Pérez-Lanzac Casado: FUNDIDO EN NEGRO
Juan Pérez-Lanzac Casado: ASK
Juan Pimentel: EL BAÑADOR DE MARGARITA DE LA PISA y PALOMAS
Raquel Portaencasa: ÓLEO y RECUERDOS
Enrique Riaza: MEMORIA ÚLTIMA DEL PRIMER OLVIDO y MICROCUENTOS
Eugenia Rico: DESPERDICIOS y LA CHAQUETA
Miguel Rochas: AMOR PLENO
César Rodríguez Casado: VOZ CON SONRISA
Manuel Ruiz-Ayúcar Rodríguez: MULTIPROPIEDAD
Carmen S. Osorio: SOMBRAS DE LA NOCHE
Mara Sacristán: MI DIARIO
José Luis Sanjuán López de Letona: DIARIO DE UN CONDENADO
Juan Francisco Torregrosa Carmona: PAISAJES DE LA MEMORIA
Sara Torres: EL ARCA DE NOÉ
Elena Valero: OTRO TRIUNFO DE C., REALITY SHOW y FRACASO CULINARIO
Mayte Vázquez: EL ANILLO y LA PAREJA
María Vila: EN EL SEMÁFORO 

 

Cubierta:  Marcela De Gregorio y Alfredo Casaccia
Primera edición:    mayo de 1999.
© de los relatos, sus autores
© edición y prólogo, Taller de Escritura de Madrid
ISBN:   84-921531-3-X
Impreso en España / Printed in Spain

 

TALLER DE ESCRITURA DE MADRID
info<arroba>tallerdeescritura.com
www.tallerdeescritura.com
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