Movimientos inarmónicos durante toda la noche; mientras yo oteaba, como durante toda mi vida, en busca de un acaso no horneado ideal. Lejos, un lenguaje corpóreo vencía todos los sanedrines. Aquello provocó el anudarnos en el baile, ora timidez ora ansiedad al hacerme esperar, para concluir fundiéndonos en un único ritmo. Después, ante el acantilado, sólo restaba quitar el freno de mano.

|